domingo, 13 de noviembre de 2016

1 AM

Esta noche, en la luna más solitaria, bajo las estrellas inexistentes.
Te acercaste serena y me preguntaste cómo estaba.
Y yo te vi. Y sonreías.
Y no cambiaste, eras bella.
Eres ella.
Y en nuestro idioma olvidado, contado solo por los suspiros del viento, regresaste.

Y te encontré más sepia, y te encontré más sabia, y te encontré en el café antes de dormir.
Pero no cambiaste y aún sonreías, aún soñabas.
Eres ella.
Y yo que te buscaba en la luz tenue de los faroles, de aquellas calles que alguna vez recorrimos en Febrero o en Marzo, esas calles que fueron testigos de tu risa, que fueron testigos de ti.

Y en mis versos imperfectos, en mis noches de soledad, trataba de atraparte nuevamente.
Y escapabas fugaz de mí, escapabas nuevamente de mí.
Pero te vi en el atardecer, y sonreías.
Pero yo ya no soy él