Más que desconocidos, olvidados.
¿No olvida uno, acaso, porque no quiere recordar? Y las decisiones vuelven, y uno ya no sabe si está la cara descubierta o si está usando una careta. Y el teatro se vuelve vida, y la verdadera vida se pierde.
Pero los hábitos viejos, ¿se pueden usar con gente nueva? ¿O es mejor usar habitos nuevos en gente vieja?
Los minutos siguen siendo los mismos, pero cada vez se sienten diferentes, aunque no podría decir ajenos.
¿Será el mismo drama cada vez? La espera se torna larga. Quizás sea mejor así.
Aún no hemos completado la media hora. Y tengo un presentimiento que no sucederá nada. Eso es bueno. ¿Estaremos ambos fingiendo indiferencia? Es mejor no darle importancia, sé que nadie lo cree.
¿O solo será paranoia?
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