Noches de frío, de necesidad. Noches como hoy sólo ayudan a la cavilación y a la impaciencia, a los planes descabellados, mientras nos acompañamos con el calor de las ideas, del café y del azul de todo.
Lejos estamos del inicio, mas no sentimos el progreso. A las costumbres nos terminamos acostumbrando, pues la nieve no es nuestra mejor aliada para discernir los paisajes, cada vez más blancos, y a la vez difusos.
Es noche de pasos largos y huellas cortas. Profundas como el cielo, firmes como las montañas.
Atrás hemos dejado la historia, para tomarla como señal, para guiarnos, para nuestra referencia. Atrás nos fuimos quedando, en cada paso, mientras seguimos avanzando.
Cazadores sin rumbo, dominando lentamente nuestra vocacion de humanos: cazadores de demonios, de los peores, de los propios.
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